Esta semana he podido releer bastantes cosas y una de ellas ha sido "Vivir para contarla", algo así como las memorias de Gabo, un recorrido por su infancia y juventud, un libro en el que se van destapando acontecimientos reales o imaginarios y que reconoces al instante porque ya los has vivido con anterioridad en sus escritos. Es un viaje alucinante que te ayuda a comprender mejor y valorar más, si es que eso es posible, el universo de García Márquez y reedescubres aquellos pasajes que prácticamente habías olvidado de sus obras maravillosas. No sólo lo he leído por segunda vez, es que he podido hacerlo en momentos elegidos al azar, en lugares dispares, con música o en absoluto silencio, antes de dormir, al despertar, en la playa, en mi salón...en fin, os podéis imaginar que ha sido una auténtica gozada.
¿Y cómo se ha producido ese milagro? Pues porque he tenido exactamente dos días y medio exclusivamente para mi...¡¡si!! acepto felicitaciones, pirotecnia e incluso comentarios envidiosos.
¿Y cómo se ha producido ese milagro? Pues porque he tenido exactamente dos días y medio exclusivamente para mi...¡¡si!! acepto felicitaciones, pirotecnia e incluso comentarios envidiosos.
Quizá parezca intrascendente lo que digo, pero yo lo he vivido con una satisfacción enorme, quizá por ser algo que parece inalcanzable desde hace unos años. No se puede leer a García Márquez y disfrutarlo con interrupciones, leyendo a ratos de manera forzada porque es el minuto que tienes. Al menos, yo no puedo...Para mi leer, sobre todo si es algo que me gusta mucho, es un ritual sagrado que necesita de determinadas condiciones para que sea placentero. Sino, es otra cosa: devorar páginas, entenderlas y asumirlas, pero sin verdadero disfrute....
Estos días "libres", lo han sido de verdad. Sara se fué a un campamento el domingo pasado y a Sergio lo "embarqué" rumbo a Priegue (Nigrán) con sus abuelos paternos un par de días después. Aún a riesgo de que se me entienda mal, digo abiertamente que la sensación de liberación ha sido brutal...como si hubiese recuperado una parte de mí misma que peleaba por no dejarse ahogar.
Voy a confesar que además de cultivar mi faceta lectora, me he permitido dormir sin horario, no comer o comer bocatas, ir a las rebajas sin prisas, caminar por la calle paseando, sin vigilar mi espalda, los laterales y los ángulos muertos buscando al enano de casi tres años que se para en todas partes o anda en dirección contraria; tomar un vino en una terraza, en silencio, solo contemplando el horizonte y sin que me aturda con su conversación una niña de 10 años que le saca punta a todo y sin el estrés de salvar cada 5 minutos el vaso de zumo de su hermano de romperse en el suelo.
Mi casa se ha mantenido en estado de revista tres días y hasta se podía avanzar por el pasillo sin esquivar dinosaurios, coches o piezas de construcción.
Me he permitido elegir la ropa y el calzado que ponerme para salir a la calle por las mañanas con tiempo suficiente, e incluso probando varias versiones. Todo ello, con tranquilidad, sin tener que aparecer en el salón en ropa interior o con un solo zapato para intervenir en una disputa. Ni que decir tiene que he aprovechado para comprar una crema hidratante que promete maravillas y que elegí en el paraíso de las perfumerías y después de una deliberación larga, larga...
Me he hecho manicura y pedicura que, espero, me dure otros dos meses o más y he entrado en mil tiendas para no comprar nada, solo para experimentar lo que se siente mirando por mirar, sin quejas ni brazos tirando de ti para salir a la calle en dirección al parque más cercano.
En resumen que he gozado de la soledad que me encanta, me llena y le hace mucho bien a mi salud mental desde que era una adolescente. Aunque lo cierto es que el efecto me duró más bien poco...
Para ser sincera en cuanto se terminó la primera tarde de libertad se rompió el hechizo porque enseguida me agobié pensando que si la noche estaba tan fresca, Sara quizá tendría frío en su tienda metida en el saco...o los mosquitos... que la pobrecita tiene en común conmigo que la abrasan sin piedad, o si no hace migas con sus compañeras de tienda, o no se echa la crema y se quema, o se marea en el barco en la excursión a la isla de Ons...en fin, toda una retahíla de infortunios que podrían amargarle el campamento a mi artista...
Nada más lejos de la realidad, o lo que es lo mismo, paranoias típicas de mamás. Una de las notas distintivas del carácter de Sara es su capacidad de adaptación, además de ser una niña alegre, sociable, inteligente y llena de energía. Creo que ninguna de las chorradas que a mi se me han ocurrido serían capaces de pararla. Y, por supuesto, así ha sido.
Con respecto a Sergio la cosa fué más tranquila...al fin y al cabo estaba con sus abuelos que es la mejor opción para un niñ@ si no están sus padres y su ausencia era más corta. Aunque bueno, la llamadita de rigor para saber si hizo caca no la puedo evitar. Menos mal que la madrina del niño me conoce y me mantiene al tanto de sus deposiciones. Y porque no pido detalles de la consistencia y el olor sino también me los darían...jajaj.
La conclusión es que los eché de menos como era de esperar pero tampoco tanto....y creo que eso es sano para mí y para ellos.
Cuando esta mañana fui a recoger a Sara al campamento, mientras caminaba hacia el lugar donde estaría ella, sentí el corazón latiéndome fuerte con una emoción enorme, esperando el momento en el que me viera entre la gente y se le iluminaran los ojos....
Para nada fue así...se le iluminaron, si, pero cuando vio a su hermano. A mi me hizo un gesto más bien soso con la mano y desapareció entre sus nuevas amigas que le firmaban la camiseta, le pedían el correo electrónico o el teléfono y la abrazaban con cariño.
Pero la sonrisa tuvo una duración breve: al regresar hacia el coche se produjo ya el primer altercado; ella mandando y queriendo dirigirlo, él protestando e intentando empujarla y yo con un grito pidiendo paz.... Una madre también de regreso hacia el coche que pasó por nuestro lado me miró resignada sonriendo y dijo: "volvemos a la rutina". Y yo le contesté: "Por suerte."
Y sí que volvimos...con todas las consecuencias. Una de ellas, un viaje de vuelta que termina en dolor de cabeza porque Sara no para de hablar...pero bueno, para compensar, una de las cosas que me dijo como solo ella sabe hacerlo fue: "cuánto te quiero y cómo te eché de menos, mamá...".
¡¡¡Será falsa la tía!!!
Estos días "libres", lo han sido de verdad. Sara se fué a un campamento el domingo pasado y a Sergio lo "embarqué" rumbo a Priegue (Nigrán) con sus abuelos paternos un par de días después. Aún a riesgo de que se me entienda mal, digo abiertamente que la sensación de liberación ha sido brutal...como si hubiese recuperado una parte de mí misma que peleaba por no dejarse ahogar.
Voy a confesar que además de cultivar mi faceta lectora, me he permitido dormir sin horario, no comer o comer bocatas, ir a las rebajas sin prisas, caminar por la calle paseando, sin vigilar mi espalda, los laterales y los ángulos muertos buscando al enano de casi tres años que se para en todas partes o anda en dirección contraria; tomar un vino en una terraza, en silencio, solo contemplando el horizonte y sin que me aturda con su conversación una niña de 10 años que le saca punta a todo y sin el estrés de salvar cada 5 minutos el vaso de zumo de su hermano de romperse en el suelo.
Mi casa se ha mantenido en estado de revista tres días y hasta se podía avanzar por el pasillo sin esquivar dinosaurios, coches o piezas de construcción.
Me he permitido elegir la ropa y el calzado que ponerme para salir a la calle por las mañanas con tiempo suficiente, e incluso probando varias versiones. Todo ello, con tranquilidad, sin tener que aparecer en el salón en ropa interior o con un solo zapato para intervenir en una disputa. Ni que decir tiene que he aprovechado para comprar una crema hidratante que promete maravillas y que elegí en el paraíso de las perfumerías y después de una deliberación larga, larga...
Me he hecho manicura y pedicura que, espero, me dure otros dos meses o más y he entrado en mil tiendas para no comprar nada, solo para experimentar lo que se siente mirando por mirar, sin quejas ni brazos tirando de ti para salir a la calle en dirección al parque más cercano.
En resumen que he gozado de la soledad que me encanta, me llena y le hace mucho bien a mi salud mental desde que era una adolescente. Aunque lo cierto es que el efecto me duró más bien poco...
Para ser sincera en cuanto se terminó la primera tarde de libertad se rompió el hechizo porque enseguida me agobié pensando que si la noche estaba tan fresca, Sara quizá tendría frío en su tienda metida en el saco...o los mosquitos... que la pobrecita tiene en común conmigo que la abrasan sin piedad, o si no hace migas con sus compañeras de tienda, o no se echa la crema y se quema, o se marea en el barco en la excursión a la isla de Ons...en fin, toda una retahíla de infortunios que podrían amargarle el campamento a mi artista...
Nada más lejos de la realidad, o lo que es lo mismo, paranoias típicas de mamás. Una de las notas distintivas del carácter de Sara es su capacidad de adaptación, además de ser una niña alegre, sociable, inteligente y llena de energía. Creo que ninguna de las chorradas que a mi se me han ocurrido serían capaces de pararla. Y, por supuesto, así ha sido.
Con respecto a Sergio la cosa fué más tranquila...al fin y al cabo estaba con sus abuelos que es la mejor opción para un niñ@ si no están sus padres y su ausencia era más corta. Aunque bueno, la llamadita de rigor para saber si hizo caca no la puedo evitar. Menos mal que la madrina del niño me conoce y me mantiene al tanto de sus deposiciones. Y porque no pido detalles de la consistencia y el olor sino también me los darían...jajaj.
La conclusión es que los eché de menos como era de esperar pero tampoco tanto....y creo que eso es sano para mí y para ellos.
Cuando esta mañana fui a recoger a Sara al campamento, mientras caminaba hacia el lugar donde estaría ella, sentí el corazón latiéndome fuerte con una emoción enorme, esperando el momento en el que me viera entre la gente y se le iluminaran los ojos....
Para nada fue así...se le iluminaron, si, pero cuando vio a su hermano. A mi me hizo un gesto más bien soso con la mano y desapareció entre sus nuevas amigas que le firmaban la camiseta, le pedían el correo electrónico o el teléfono y la abrazaban con cariño.
La verdad es que la ingrata pasó de mi totalmente, pero no me sentí rechazada ni triste ni siquiera desilusionada. Mi primer sentimiento fué de alivio mientras la observaba integrada y contenta. El segundo fué orgullo porque su primera sonrisa había sido para su hermano.
Pero la sonrisa tuvo una duración breve: al regresar hacia el coche se produjo ya el primer altercado; ella mandando y queriendo dirigirlo, él protestando e intentando empujarla y yo con un grito pidiendo paz.... Una madre también de regreso hacia el coche que pasó por nuestro lado me miró resignada sonriendo y dijo: "volvemos a la rutina". Y yo le contesté: "Por suerte."
Y sí que volvimos...con todas las consecuencias. Una de ellas, un viaje de vuelta que termina en dolor de cabeza porque Sara no para de hablar...pero bueno, para compensar, una de las cosas que me dijo como solo ella sabe hacerlo fue: "cuánto te quiero y cómo te eché de menos, mamá...".
¡¡¡Será falsa la tía!!!
Cómo te entiendo, querida amiga.....
ResponderEliminarque bonito....asi siente una gran madre .que sin duda la eres
ResponderEliminarGracias a l@s dos por los comentarios. Estaría bien pusiéseis un nombre (aunque sea falso..jajja) para poder dirijirme a vosotros al responder.
EliminarUn saludo y gracias por leerme.
Al anónimo del 24 de julio: no sé si soy una gran madre, lo único que puedo decir es que lo hago lo mejor que puedo cada día, siempre pensando en la felicidad de mis hijos. Eso es lo que puedo ofrecer.
ResponderEliminarY para anónimo del 15 de julio, supongo que me conoces y te conozco. Te mando un beso.
Buena noche.
ResponderEliminar¡La felicidad!...¿qué cosa es esa?...Yo me marco a veces algunos retos.Por ejemplo en las dos últi-
mas Bodas a las que fui invitado me empeñé,de acuerdo con los contrayentes,en hablar a los asís-
tentes desde el Altar al terminar la Ceremonia.Y me marqué un par de Discursos de carallo.Y hasta
salí satisfecho pensando que se puede ser mucho más brillante que la mayor parte de los curas.
El curiña al escucharme invocar a Tomás de Aquino miraba para mí con ojos de plato...Y le dije a
los ya esposos:"continuamente nos dicen que el matrimonio es una pesada carga(que hay que lle-
var entre tres,como es sabido),que es un sacrificio continuo etc,etc,etc...y yo os digo muchachos
que no es así,más bien todo lo contrario...precisamente la felicidad en el matrimonio es no sentir
nunca que estás casado...si notas ese peso es el principio del fin...".naturalmente el cura preguntó
a los chicos qué clase de amigos tenían...eso uno de ellos,el otro cuando terminé me aplaudió.
¡Felicidad!...cualquier pequeño detalle te puede hacer feliz...hasta si tienes el espíritu prepa-
ardo puedes sentir felicidad escuchando cantar a Alma(con perdón).
Un abrazo,figura.
Santiago Mariño.
Santi: ¿la felicidad? Yo lo tengo claro....pequeños momentos, cuantos más mejor, sin aspiraciones absolutas ni retos imposibles. Y tratándose de lo que más quiero, mis hijos, pues la felicidad se convierte en tratar de entenderlos, "sufrirlos", aceptarlos y sobre todo amarlos... Una tarea integral....jajajaj
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