jueves, 4 de abril de 2013

Paraguas, pasos de peatones y escupitajos...

El civismo....Esa gran palabra con la que todo el mundo se llena la boca para acusar de la carencia de él a los demás pero que nadie se aplica a sí mismo. Algo parecido a la honradez que le exigimos a los políticos (que la necesitan dicho sea de paso) pero que no sirve para nosotros cuando valiéndonos de la picaresca engañamos, exageramos, fingimos... o lo que haga falta para arañar unos euros de una subvención, una ayuda, una indemnización del seguro del coche, o de la casa... En fin, la lista es casi interminable y algunos hasta se jactan de ello.
 
Pero la entrada de hoy surge porque estoy indignada como consecuencia de un detalle pequeño, tal vez sin importancia vital, pero que dice cosas de la sociedad en la que vivimos: me han robado el paraguas en el paragüero de una cafetería.... No os riáis porque si pillo a la o el sinvergüenza que se lo llevó le monto un pollo...

No dejan de sorprenderme, creo que por suerte para mi, este tipo de cosas. Alguien se da cuenta de que llueve, no tiene paraguas, coje el primero que ve y sale de la cafetería tan tranquilo. Sin más, sin consideración de ninguna clase, con total impunidad y, por supuesto, sin remordimiento. Su dueño o dueña, quizá una persona mayor que se mueve con dificultad y que se mojará mucho en el camino de vuelta a casa le importa un pepino. Vida por vida, primero la mía dirá el o la susodicha,  pero la salva con algo que no le pertenece, que ha hurtado... porque no solo se roba dinero o joyas. Cualquier cosa de la que no seas propietario, sea lo que sea, pequeña o grande, cara o barata, si te la llevas eres un ladrón. Así de sencillo.
 
Así que, con el cabreo que tenía, me he dedicado a recordar detalles  del comportamiento de mis conciudadanos y encontré la excusa perfecta para escribir esta entrada, porque lo del paraguas no da para mucho más que un enfado monumental pero pasajero. Algunas de esas actitudes a las que me refiero ya son viejas conocidas....léase cagadas de perros, grafitis en monumentos de interés histórico, bolsas de basura fuera de los contenedores, chicles pegados en sitios increibles...

Pero hay una cuestión de "modales" a pesar de que la palabra suena cursi que me molesta especialmente. El asunto del "por favor" y del "gracias". Quizá yo soy de otro planeta, pero cuando entro en un sitio (banco, supermercado, Ayuntamiento, cafetería etc etc) digo "buenos días". Normalmente casi nadie me contesta. Y no satisfechos con esto, algun@ se gira y me mira como perdonándome la vida. ¡ a quién se le ocurre entrar en un sitio y saludar! ¡si no nos conocemos! parecen decirme.

Eso al entrar, porque a la hora de salir, una, que es un poquito rara, cede el paso o sujeta la puerta para que alguien salga. ¿Me mira a la cara?. No. ¿Me hace un gesto cómplice? No. ¿Me da las gracias? No. Ahí si que ya no suelo aguantar y suelto un "de nada" en tono alto y claro... Y no vayáis a pensar que eso les hace reaccionar... Como mucho se hacen los sorprendidos y ponen cara de póker. Si es que la que se comporta de modo extravagante seguro que soy yo...
 
También hay algo que me llama especialmente la atención y es el motivo por el que la gente se tira a los pasos de peatones. Que conste que me parece correctísimo que se proteja al peatón y tenga preferencia al cruzar incluso cuando lo hace a paso de tortuga por cualquier sitio de la calle e incluso carreteras. Por ejemplo, un cruce sin visibilidad, un semáforo en rojo o por el medio de los coches mientras esperan en una isleta... Pero de la preferencia a la inmortalidad hay un trecho.

No hay una estadística, pero si la hubiera, estoy absolutamente convencida de que el 95% de las personas que caminan por la calle no miran antes de cruzar ni siquiera por el rabillo del ojo. Y si lo hacen, es para fulminarte porque no has parado a la distancia que ellos consideran adecuada. No mirar dando por hecho que el mundo se parará porque cruzan por un lugar habilitado para ellos, es un característica común que no distingue edades ni sexos. Y no será porque nuestras mamás no nos hayan insistido hasta aburrirnos "mira a los dos lados antes de cruzar".

Pese a todas las advertencias, algunos deambulan con los auriculares puestos aislados del mundo, casi adormilados...Otros podríamos calificarlos como indecisos... ahora cruzo, ahora no... Me ponen nerviosa los que hacen el amago y luego giran en redondo o los que charlan animadamente en el borde de la acera delante del paso de cebra poniendo a prueba tus artes adivinatorias al volante. ¿cruzará no cruzará? he ahí la cuestión... No puedo olvidarme del director de tráfico frustrado.  Está parado delante del paso de peatones y cuando paras, te hace una seña para que continúes y acto seguido cruza casi rozándote el culo del coche. Y qué decir del indignado... que aparece de pronto por detrás de una furgoneta aparcada encima del paso de cebra que te impide ver. Tu frenas bruscamente a pesar de que ya vas a 10 por hora en previsión de que pueda aparecer alguien cruzando. Te hace aspavientos como un energúmeno porque según él casi lo matas (en sentido figurado, claro) y continúa su camino braceando sin pararse a razonar que los coches son máquinas, que tu como conductor todavía no tienes visión por rayos X y que tal vez y solo tal vez debería haberse asomado un poquito por detrás de la furgoneta antes de atravesar la carretera.

Desde luego cuando actuamos como conductores la cosa no mejora...ni mucho menos. La solidaridad al volante no existe.
Lo de facilitar la incorporación al tráfico es una utopía porque se hace de todo precisamente para entorpecerla. ¿qué sentido tiene estar con el intermitente a la derecha para aparcar durante 5 minutos si nadie te lo permite porque no se detienen? ¿qué sentido tiene parar en doble fila cuando dos metros más adelante hay un hueco y podrías esperar allí sin molestar? ¿qué sentido tiene acelerar cuando te adelantan y frenar de forma violenta solo por fastidiar? ¿qué sentido tiene pitar hasta enloquecer por el más mínimo detalle, desquiciarse porque aún no han fabricado coches con alas para los atascos e insultar a las madres del conductor que va delante? Es, como digo en todas y cada una de las entradas de este blog una cuestión de educación y respeto.

Pero lo que ya es el colmo de la mala educación pero relativamente frecuente es el "famoso" escupitajo, así, en plena calle, sin ningún disimulo. Ni siquiera miran a un lado o atrás por si alguien corre el riesgo de sufrir el impacto. Es más, diría que lo hacen con cierto aire de suficiencia molesto y una naturalidad que asusta.... ¿Cómo se puede hacer algo tan asqueroso y quedarse tan pancho? Como en casi todo en la vida podemos distinguir tipos y categorías de escupitajos dependiendo de múltiples factores...

Pero creo que esta vez no haré una descripción tan exhaustiva....

 

3 comentarios:

  1. jajajaja se puede decir mas aaaaaaaaaaaaaaallllllllllltooooooooooooo pore no mas claro

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  2. Buenos días, Isa.

    Maravilloso escrito. Perfecto. Suscribo tu comentario de principio a fin y me agrada leer a alguien, que además de yo misma, cree en la buena educación, en los buenos modales, en la cortesía y que por eso, los transmitirá a la siguiente generación.

    Voy a aportar un par de ejemplos de mi experiencia personal. Dos incívicos que representan cada uno a un grupo, de otros tantos cientos o miles que vagan por el mundo. Para que no induzca a error, mis dos anécdotas se refieren a dos hombres, pero podrían perfectamente haber sido mujeres, el incivismo es uno de los temas en los que hemos alcanzado la igualdad de género.

    Primer grupo: Ciudadanos que tiran residuos en la calle.
    Parada en un semáforo observo atónita como se abre la puerta delantera del coche que está a mi derecha y el conductor vacía en la calzada un cenicero cargado de colillas. Cuando le afeo su conducta, insiste en sus postulados, y yo en los míos. Así varias veces, hasta que termina diciéndome: "Vete a fregar". La cita es textual.

    Segundo grupo: Ciclistas que usan la ciudad a su antojo. Van alternativamente por la calzada, la acera, los pasos de peatones, nuevamente la calzada, otra vez la acera, pasando como ciclones entre adultos, ancianos y niños, descenso de nuevo a la calzada, donde cambian de carril o giran inesperadamente para pasar a otra calle. Los ciclistas me dan un respeto especial, por temor a darles un golpe con el coche.
    Circulando hace unos días, veo como un ciclista que está a mi derecha, repentinamente, pasa por delante de mi coche, a centímetros y para cambiar de carril. Lo hizo como digo, repentinamente, obligándome a frenar para no golpearlo. Desde dentro del coche, le hice moviendo el dedo índice hacia los lados varias veces, un gesto de No. Un no silencioso y discreto, cuando en realidad se merecía algo más contundente. Un momento después, parada en un semáforo, toca en el cristal para hacerme bajar la ventanilla y explicar su inexplicable acción. En los siguientes semáforos, que por desgracia fueron unos cuantos, la misma historia, parado a mi lado e intentando hablarme para demostrarme que él estaba en lo cierto y yo no. Evidentemente, no volví a bajar la ventanilla y en cuanto pude, allí lo dejé, en su bicicleta, de carril en carril como pollo sin cabeza.

    Termino con el principio de tu escrito, Isa. Es magnífico que alguien tenga la lucidez y la valentía de hablar de la picaresca, que después de siglos, sigue siendo nuestra seña de identidad. Un abrazo.

    Mª José Xouba

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  3. Hola Xouba. Gracias por leer y comentar.

    Algunas de tus experiencias me recuerdan cosas que también me han sucedido a mi. Sobre todo, con las motos de pizzeros, talleres y demás "hierbas" que crecen en el asfalto de las ciudades. Yo, últimamente, ya no entro a ningún capote...incluso cuando tengo razón.
    Un abrazo cariñoso.

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