viernes, 22 de junio de 2012

Salir con amigas...

Lo primero que se necesita para salir una noche por ahí llegada una edad (ejem ejem) y dos hijos que absorben más tiempo y energía de la que tienes, es sentirte guapa. Si, así de superficial. Hay un momento en la vida en la que ya no te puedes permitir salir con un look casual, (vaqueros con cualquier camiseta escotada, un toque de maquillaje, tacón y tan divina...) entre otras cosas porque nada en tu vida es casual... Para irte unas horas sola con tus amigas tienes que movilizar una logística infernal que encima a veces falla y que casi y sólo casi te quita las ganas, además de tener disponible una abuela generosa que entienda que ya no puedes más y necesitas "liberarte".

A lo que íbamos... si la mañana en el que vas a salir por la noche con tus amigas es una de esas en los que todos los espejos-escaparates del mundo te dicen lo horrible que te levantaste ya todo saldrá irremediablemente mal. Y no lo digo como verdad irrefutable pero hay días en los que todo te queda fatal, tu piel está sin vida, el pelo no brilla ni se deja peinar, la ropa encogió durante la noche y encima parece que quiere dolerte un poco la cabeza. Es como una señal que pretende indicarte que es mejor que te quedes en casa.... ¿y qué hacemos contra eso? Y una mierda!!! Yo salgo aunque diluvie, aunque estemos bajo cero o tenga que ponerme el mismo pantalón de las tres últimas salidas nocturnas. Y eso sí es una verdad irrefutable: necesito salir, estar con mis amigas, tomar unas copas, reir hasta que me duele la mandíbula y sentirme viva más allá del rol maravilloso de madre que comienza con el desayuno-colegio-mercadona-comida-colegio...Continúa con actividades extraescolares-deberes-parque... Y termina con baño-cena-cama. Bueno, entre todas estas cosas, a veces también se cuela en la mañana la visita al banco, papeleos y compras y por la tarde-noche nada sería lo mismo sin una buena sesión de gritos variados, llantos y protestas con razón o sin ella.

Pero ayer no fué ese día, y salí con mis amigas...Y me divertí muchísimo, como cada vez que las veo. Tienen la capacidad de hacerme sentir que soy importante para ellas, que me echan de menos y que mi presencia en la farra nocturna la esperan como agua de mayo para sacarlas de su propia rutina. Es un intercambio de energía maravilloso porque nuestras vidas son ahora mismo muy diferentes pero lo que tenemos en común es tan auténtico que parece que saliéramos juntas cada semana...Y no es un tópico esta frase, es una realidad. Y me siento agradecida de que así sea. Es sano tener vida propia más allá de las obligaciones y ataduras de una familia pero no siempre es sencillo conseguirlo. Algunas veces la pereza, o el cansancio, o no encontrar hueco por ningún lado nos hacen perder momentos estupendos con nuestros amigos. Y no me refiero solamente a las salidas nocturnas (que a mi me encantan) sino también a la buena conversación alrededor de la mesa (si cocina Janet la cosa es perfecta) y el tiempo vuela recordando aventuras, riendo, arreglando el país, confesando miedos, dudas, compartiendo esperanzas y proyectos o analizando la vida y sus vueltas.

Cuando regreso a casa después de una sesión de "amigas" me siento como recién salida de un spa... Con ellas no tengo que ocultar si estoy triste o me siento derrotada, puedo quejarme, protestar e indignarme sin sentirme después culpable. Son aire fresco cuando el ambiente en mi interior está cargado y no pienso con perspectiva... No me juzgan, solo escuchan, entienden y callan... y opinan solo cuando consideran que es estrictamente necesario. No creo que se pueda pedir más.

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