lunes, 2 de julio de 2012

Las orquestas parte I : Cómo se llega a una fiesta.

Pues a eso voy directamente, a dar una clase magistral sobre cómo se llegaba a un lugar, a una fiesta en concreto, cuando los GPS y los móviles todavía no existían o los tenían personas muy determinadas entre las que no nos encontrábamos nosotros.
Los primeros años en la orquesta teníamos dos furgonetas y durante algún tiempo yo viajaba en mi coche, pero luego la cosa se unificó y compartíamos una sola, un poco cutre al principio pero ya más moderna y cómoda hacia mis últimos años.

Una de las cosas más surrealistas que he vivido buscando "el campo de la fiesta" ocurrió camino de una actuación situada en un lugar mal comunicado, de carretera estrecha y sin ninguna señalización. Entre nosotros, cuando el lugar al que íbamos a tocar estaba alejado de la civilización, solíamos clasificarlo de dos formas: o era una "loma" porque, al menos, había un bar-taberna-tasca-tienda que tenía un baño y café caliente o una "loma con cojones" cuando eso ya ni exisitía y el chiringuito de la fiesta era el único lugar al que acudir cuando bajabas del escenario. Por lo tanto, a mear de campo y tomar el café de vuelta a casa.

Era bastante típico discutir entre todos si íbamos bien, si nos habíamos pasado, si había que girar a la izquierda, o había que parar a preguntar....Ese era el gran dilema cada uno de los días en los que la fiesta no era asfalto: preguntar...¿a quién? pues por pura ley de Murphy a cuatro personajes diferentes, todos ellos catalogados por una servidora con la estimable ayuda de algunos compañeros, cuya conclusión tras un estudio exhaustivo y desde el más profundo respeto, es la siguiente: 

1º.- El listillo, es decir, el que va caminando por la cuneta acompañado de dos o tres personas más, les deja que te indiquen y cuando terminan interviene para decir que no, que por ahí es más difícil, que no conocemos la zona y que mejor por el lado contrario.
2.- El desorientado: este es un personaje ante el cual era difícil aguantar la risa: atención a su repertorio: "ti ves aquel ramal á dereita...pois ese non o collas...despois hai unha curva a esquerda e polo seguinte cruce non vos metades, polo outro...", todo ello indicándote con la mano la dirección contraria de la que te dicta verbalmente.
3.- El turista, que en un perfecto acento vasco o madrileño te dice que él no es de allí, que sus padres si pero que ya no recuerda nada....
4.- El pelma...es el que te interroga a ti, te cuenta su vida, te menciona cualquier detalle sin importancia sobre el itinerario, incluidas las piedras que hay en el camino y no te deja arrancar la furgoneta cuando ya le has dado las gracias porque está apoyado en la ventanilla dándote conversación haciéndose el simpático.

Pues bien, volviendo al momento surrealista del que os hablaba, viajando un día hacia una fiesta con pinta de "loma con cojones", Saavedra, jefe y chófer experto, se empeñó en que no era necesario preguntar, que bastantes coches iban en nuestra misma dirección y que con total seguridad se dirigían a la fiesta. Recorrimos unos kilómetros cuesta arriba y por carretera estrecha siguiendo a unos cuantos coches a treinta por hora en nuestra flamante furgoneta rotulada con el nombre de la orquesta. La cosa se puso al rojo vivo cuando llegamos a nuestro destino: ¡¡¡un entierro!!! Las carcajadas se oían aún con las ventanillas cerradas y maniobrar en aquella carretera para dar la vuelta era bastante difícil, con coches aparcados a ambos lados y el chófer reventado de la risa. Esto fue, desde luego, el number one de las llegadas a las fiestas.

Otra situación que se daba con bastante asiduidad era entrar por dirección prohibida o apartar vallas de señalización y parar en seco al encargado de turno que venía a echarte la bronca con un estándar: "somos de la orquesta" lo cual para nosotros significaba que podíamos aparcar casi donde nos diera la gana. Y al hacerlo, pues como los hombres (y una mujer) de Harrelson, bajando uno por uno, con la mochila o abriendo el bocata, bostezando, con el instrumento, la inefable funda de la ropa para el escenario, una chaqueta porque aunque salimos de casa a 30º en el interior de Lugo ya refresca... y una mirada alrededor para intentar adivinar el tipo de fiesta y por tanto de público, que nos íbamos a encontrar.

Y el colmo de la desorientación ya era fiarse de las luces que se colocan en los pueblos, o la megafonía de Radio Pérez.... Os explico. Una orquesta puede ir a tocar a una determinada parroquia que comparte nombre con otras 5 o 6 y que sólo se diferencian por el santo que acompaña ese nombre. Por ejemplo San Julián de Meis, San Pedro de Meis, San Martiño de Meis... y encima están bastante cerca unas de otras. Si tienes suerte y los vecinos se llevan bien te lo explicarán sin problema....Si no, tal vez te digan algo como "son os de alí abaixo" señalando hacia un punto en el infinito. El faro que nos orienta para llegar al escenario suele ser la iglesia parroquial, situada en el alto, en ocasiones incluso la veíamos desde la furgoneta mientras dábamos vueltas y más vueltas tratando de guiarnos por las luces colocadas en la entrada de cualquier cruce, el campanario de la iglesia y la música de orquestas que suena por la megafonía de Radio Pérez u otro similar y que el viento lleva y trae en distintas direcciones. Una verdadera odisea para llegar hasta la verbena y normalmente otra para irte...

Cuando las fiestas son en lo que nosotros denominamos asfalto, la cosa cambia y es, aparentemente, más sencilla. Las ciudades, pueblos, villas... aparecen en los mapas y llegas a tu destino a tiro fijo y sin apenas incidentes reseñables. Como máximo algún atasco terrible porque hay desfiles o procesiones, o es la fiesta de la empanada y está todo lleno de puestos para venderla, y no consigues acercarte al lugar donde tienes que trabajar. Al final, de puro cabreo, la mayoría vamos andando hasta el escenario mientras el que conduce se desespera intentando aparcar.

Yo siempre he dicho que el horario del músico no empieza cuando se abre el telón y suenan las primeras notas...eso casi es lo de menos. El recorrido hasta que ese momento llega suele ser más aburrido, más cansado o más estresante que la actuación misma sobre todo si, por cualquier motivo, vas justo de tiempo.

Hubo una época en la que la geografía gallega no tenía secretos para mi. Y todavía conservo cierto olfato para llegar a una verbena...aunque confieso que también me he perdido unas cuantas veces.

De una de las últimas "rutas turísticas" (ya retirada) que hice para ir a ver a Javi por la zona de Redondela me rescató Sara que tiene un sentido de la orientación impresionante. Habíamos divisado ya el campanario de la Iglesia, las luces y hasta oíamos el bombo de la batería probando sonido...pero a la hora de elegir en cada encrucijada, intersección, confluencia o lo que sea de mil caminos, nunca acertaba y hasta tenía la sensación de que siempre regresábamos al mismo punto.
Tras mucha resistencia por mi parte a reconocer que estábamos en el medio de ninguna parte y ya cabreada por sus comentarios agoreros de que nunca llegaríamos a la verbena,  la dejé que me indicara paso a paso, en cada cruce, la dirección que debíamos tomar. Por supuesto, acertó, y ahora que lo recuerdo contándolo tengo la sensación de un déjà vu...
Y me veo a mi misma, hace ya más de 15 años, cómodamente sentada en un asiento de la furgoneta, protestando porque íbamos al revés y nadie me daba la razón, rompiéndole la cabeza al conductor que ya empezaba a hartarse de todos nosotros, los sabiondos recostados en nuestros asientos, que opinábamos sin parar de la ruta más conveniente, vacilando, segurísimos del sitio en el que nos habíamos equivocado . Lo que ocurría con frecuencia es que tampoco teniamos ni idea y la "bronca" que se montaba hasta llegar a la fiesta no terminaba en ese instante, sino que se prolongaba en el tiempo hasta convertirse en el tema recurrente, en la "coña" del verano en los viajes de vuelta a casa en los que, con el cansancio, aparece la risa tonta que transforma cualquier comentario en un momento de risas que pasa a la historia. Por suerte para mi, recuerdo unos cuantos de esos.


4 comentarios:

  1. espero con mucha impaciencia....todo lo que resta y yo pobre de mi ¿¿¿¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡desconozco...


    ¿no melo puedo perderrrrrrrrrrr

    ResponderEliminar
  2. Buena noche.
    Bien,todo correcto,pero..."no hay peor mentira que una verdad a medias"...también hay que contar
    las cosas buenas.
    Es posible que tú ya no vivieses la época dorada o puede que vivieses el final de la misma.
    Me explico:¿y cómo trataban a las orquestas en las fiestas?...como Dios.
    Recuerdo viajar,estando en el Instituto de Lalín trabajando,con la orquesta CARACAS y su cantor
    SITO MARIÑO....Vega de Espinareda y cuenca minera en general,Tapia de Casariego y Mántaras,
    Sta. Comba por poner algunos...y una grandiosa fiesta en Melide a la que asistí con la gente de la
    que fue gran Orquesta MONTES de Pontevedra...en todos estos viajes lo que tengo grabado en mi
    memoria son las atenciones de la gente y ¡magníficas pitanzas!,vulgo,"comilonas".
    Lo que observo en estos tiempos es que con el cambio del sistema orquestero-verbenero las
    comisiones y los vecinos ya no son tan generosos.No tienen la culpa,los han obligado de tanto aho-
    garlos.¡Los putos palcos!.
    Un saludo a todos.

    ResponderEliminar
  3. Por supuesto que hay que contar las cosas buenas y tendrán su momento, pero en este caso se trataba de insistir en la parte curiosa del tema "viajes" y tratarlo con humor. Y para nada lo considero la parte mala del trabajo en las orquestas...esa parte es otra y también llegará a esta página.

    La época de la que hablas yo no la viví en primera persona, aunque sí por muchas referencias de músicos y cantantes con bastante más edad que yo. Doval (DEP), trompeta de los Satélites durante más de 35 años estaba aún tocando cuando yo entré en la orquesta. Él y algunos más nos amenizaban bastantes comidas post-sesión vermut y algún viaje largo con todo tipo de anécdotas sobre "cenar polas casas".

    Las cosas han cambiado en muchos aspectos y algunas para peor...y los profesionales deberían hacer examen de conciencia y reconocer su cuota de responsabilidad en bastantes de las que han empeorado (y no solo por los palcos...)

    Un abrazo grande y gracias por leerme. Te habrás dado cuenta del título "las orquestas parte I", así que vendrán más y más partes, que 15 años en el mundillo dan para mucho.

    ResponderEliminar